martes, 27 de diciembre de 2005
“La revolución cubana nació desde dentro, de las profundidades de su tierra, y creció como se debe, de abajo para arriba”

Jornal do Brasil

Traducido del portugués para Rebelión por Ulises Juárez Polanco (www.juarezpolanco.com)


A estas alturas del campeonato, Eduardo Galeano, de 65 años, es principalmente un sobreviviente. Sorteó, en los tiempos como reportero joven, tres malarias. Después, sobrevivió la persecución de dos dictaduras, una en su país, Uruguay, y otra en Argentina, donde se había exiliado. Sobrevivió también un infarto.

Pero, principalmente, sobrevivió los cataclismos y tempestades que cayeron fuertes sobre la izquierda en los últimos años. Y finalmente, sobrevivió al mar de egoísmo que amenaza al ser humano y al desencanto al que se ha rendido tanta gente.

Perdió la cuenta del número de libros que ha vendido en el mundo. Sólo del más conocido de ellos, Las venas abiertas de América Latina, fueron más de 4 millones de ejemplares. Después vinieron los tres volúmenes de Memoria del fuego, en que cuenta la historia de las Américas, de los mitos de la creación del mundo hasta 1984. En la extensa lista aparecen todavía El libro de los abrazos, que hoy vende más que todos, y El fútbol a sol y sombra, en que aborda otra de sus devociones.

Cada palabra escrita por Galeano refleja un compromiso doble: con el ser humano y su tiempo y con América Latina. Nada pasa desapercibido por su mirada rigurosa. Ni el paisaje que se aprecia desde el último piso del Hotel Meridien, donde el escritor uruguayo, en una visita más a Brasil, concedió esta entrevista. Es una necesidad imperiosa ver, encima de cualquier obstáculo, la vida con humor. Participan de la entrevista, además de mí, Zezé Sack, Maria Lúcia Dahl y Ricky Goodwin (de Cuaderno B), el escritor Arthur Poerner y los periodistas Marcelo Salles (de la revista Caros Amigos) y Beatriz Bissio, editora de los Cuadernos del Tercer Mundo. (Eric Nepomuceno)

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Dilo aquí o calla para siempre