JOAN SUBIRATS
EL PAÍS - Opinión - 31-12-2005
Tenemos en marcha un conjunto de modificaciones en el papel de los Estados en las sociedades contemporáneas que parecen explicar la deriva autoritaria y la obsesión por la seguridad que de manera creciente atraviesa toda Europa. Por un lado un notable retroceso en la capacidad de influir significativamente en la marcha de una economía que cada vez responde más a designios y dinámicas transnacionales. Por otro lado, y debido en parte a la dificultad de mantener los equilibrios conseguidos en la fase 1945-75 (fase que los franceses designan ya como los "treinta años gloriosos"), un progresivo repliegue en la esfera redistributiva que caracterizó y dominó el consenso en la segunda posguerra con un amplio abanico de políticas sociales. Y, fruto de esa doble combinación, un aumento significativo de la vertiente penal y represiva del Estado, que si bien no es en absoluto una novedad, sí que es cada vez más evidente y expresiva de un cambio de rumbo en las dinámicas de intervención de los poderes públicos.
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