Hablo de pena porque estoy triste, triste porque un perro que vivía por mi zona ha sido asesinado vilmente, y quiero denunciar ante los lectores de este Blog que es injusto para todo animal el ser asesinado porque alguien, a saber bajo qué autoridad, decida que un semejante es merecedor de la pena de muerte. Esto es lo que le pasó a “lagun”, que un día se confundió y mordió por la razón que fuera al sobrino de su dueño, y claro está, la condena fue la pena capital por inyección letal.
Si os soy sincero creo que la pena de muerte sólo se da entre animales: los animales estamos bajo la amenaza de sufrirla constantemente, y en el mundo de las personas, sólo los más parecidos a los animales (hienas, buitres,…), se creen en derecho de aplicarla.
A nivel de España está tajantemente prohibida (esto también provoca pena en algunos), al igual que la cadena perpetua, aunque con esto me hago un poco más de lío.
Me explico: últimamente ha habido muchas declaraciones de gente escandalizada porque en el 2009 queda libre uno de los etarras más sanguinarios, tras haber cumplido “sólo” treinta años de cárcel. Hasta aquí un servidor, no le da mayor importancia, pero entonces es cuando se entera de que el primer punto de discordia es que el personaje en cuestión tiene a sus espaldas una condena de cuatro mil y pico años; fuera de toda explicación queda que no tiene nada que ver estar condenado a más de cuatro mil años de prisión con estar condenado a cadena perpetua, que cuatro mil años pasan en un pestañeo, que mi dueño tiene ya veinticinco mil años…o algo.
Bueno que entonces es cuando me planteo yo, ya pasando del tema de la legitimidad de la cadena perpetua, cómo es que un tío que está condenado a cuatro mil años, sale en tan solo treinta (a ver si es que puedo librarme yo también de mi jaula y aún no me he enterado). Pues resulta que la constitución española refleja que nadie puede estar más de treinta años de prisión, y es que mi lío es mayúsculo porque entonces me sigo preguntando para qué se ponen entonces esas condenas al alcance sólo de personajes como Matusalén.
En mi cabeza todo son interrogantes sin resolver, porque mira que sois difíciles las personas.
Oye por cierto, que hablando de hienas, buitres y demás animales de compañía que practican la pena de muerte, me he sorprendido viendo a Jorge W. Autobús, pidiendo la calma y el cese de la violencia a los musulmanes, viniendo la petición de la Madre Teresa de Calcuta seguro que se han quedado más tranquilos; este Jorgito es un cachondo, cada día hace mejor política exterior, o al menos yo cada vez me río más…por no llorar eso sí.
Cachorro apenado