jueves, 23 de febrero de 2006
El ojo del Gran Hermano ya no da ningún miedo, más bien grima, gracias al bodrio televisivo que lleva su nombre. Sin embargo, la realidad es absolutamente alucinante, y algunas empresas ya están implantando chips a sus empleados.

Este no es más que un paso lógico y consecuente con la dinámica en la que estamos sumergidos: cámaras de televisión y de circuito cerrado por todas partes; registro de todas las comunicaciones, de todas las transacciones económicas, de todas las compras; cruces de datos de todas las bases de información gubernamentales; localización mediante los GPS y GPRS de los teléfonos móviles, etc, etc.

Hoy nada se escapa al ojo de quien tiene suficientes medios y ganas de controlarlo todo, y me refiero a media docena de Gobiernos, encabezados por los EE.UU. y a otra media docena de gigantescas corporaciones empresariales dedicadas al armamento y al petróleo.

Es curioso que son los Gobiernos y las personas de idelogía más “liberal”, esos que odian el Estado y que si por ellos fuera privatizarían hasta la justicia, esos mismos son los que impulsan un control del individuo digno de los regímenes más totalitarios. Una vez más se demuestra que lo del “liberalismo” sólo significa libertad de actuación para el poderoso, y derecho a joderse y a aguantarse para todos los demás.
Dilo aquí o calla para siempre
Perpetrado por Pablo
domingo, 26 de febrero de 2006 | 16:54
Esto hoy nos parece ciencia ficción, pero también lo eran hace unos pocos años las cámaras de televisión por toda la ciudad y mira cómo estamos ahora.

En unos añitos esta medida se extenderá, me apuesto una cena...
Perpetrado por Invitado
domingo, 26 de febrero de 2006 | 23:09
Otra modalidad de GH que cada vez va ganando más adeptos entre determinados gestores es la del spyware corporativo: programas que instalados en los ordenadores de los empleados permiten a quien los controla comprobar qué software y qué archivos tiene cada cual instalados en su puesto, así como comprobar el uso que cada cual hace de ellos. Programas que, por supuesto, son instalados sin el conocimiento del empleado o haciendo recaer sobre éste toda manipulación que de los mismos pudiese hacer.

Utilidades: muchas. Por ejemplo, obligar al empleado a sustituir el fondo de escritorio de Windows con la foto de sus hijos por el logo de la empresa. Y a partir de ahí, la imaginación es libre....