El ojo del Gran Hermano ya no da ningún miedo, más bien grima, gracias al bodrio televisivo que lleva su nombre. Sin embargo, la realidad es absolutamente alucinante, y
algunas empresas ya están implantando chips a sus empleados.
Este no es más que un paso lógico y consecuente con la dinámica en la que estamos sumergidos: cámaras de televisión y de circuito cerrado por todas partes; registro de todas las comunicaciones, de todas las transacciones económicas, de todas las compras; cruces de datos de todas las bases de información gubernamentales; localización mediante los GPS y GPRS de los teléfonos móviles, etc, etc.
Hoy nada se escapa al ojo de quien tiene suficientes medios y ganas de controlarlo todo, y me refiero a media docena de Gobiernos, encabezados por los EE.UU. y a otra media docena de gigantescas corporaciones empresariales dedicadas al armamento y al petróleo.
Es curioso que son los Gobiernos y las personas de idelogía más “liberal”, esos que odian el Estado y que si por ellos fuera privatizarían hasta la justicia, esos mismos son los que impulsan un control del individuo digno de los regímenes más totalitarios. Una vez más se demuestra que lo del “liberalismo” sólo significa libertad de actuación para el poderoso, y derecho a joderse y a aguantarse para todos los demás.