martes, 07 de marzo de 2006
Hay chorradas que se repiten y se repiten y no aparece ninguna cabeza preclara que sea capaz de caparlas. No sea capaz o no tenga cojones (o pepitilla) que siempre es peor.
Eso pasa en política bastante a menudo, los criterios del “qué dirán” marcan las propuestas y aquello que pueda levantar cierta polvareda se esconde bajo la moqueta del salón como las (o los) sirvientas (o sirvientes) malas (o malos). No sé si me pilláis lo de “sirvientes” aplicado a la clase política, que también tiene cierta coña.

A lo que voy, que me pierdo.
Últimamente está bastante crecida esa idea de que las víctimas del terrorismo tienen el derecho a ser consultadas y/o entrar en la deliberación sobre las políticas antiterroristas o el fin de las organizaciones armadas (escribo “organizaciones armadas” en general para no ponerme de mala leche). Esto, en lo que parece que nadie es capaz de levantar un milímetro de voz, es uno de esos favores flacos capaces de acabar en primer lugar con el concepto de democracia radical de una persona igual a las demás (por mucho que se lo pase el socialisto Manuel Chavez y la duquesita de cartón piedra) pero también con la dignidad del dolor a los ausentes. Porque significa valorizar algo por contraposición.

Me pregunto: ¿tendría mi madre derecho a decidir el futuro de este país si a mi un asesino decide pegarme dos tiros?. Si me asesinan por mis ideales, ¿quién puede arrogarse el derecho de defender esos ideales, propios y personales?.

No, lo siento, pero no. Las víctimas del terrorismo, o sus familiares, deben tener toda nuestra cercanía, apoyo y comprensión. Pero no son diferentes a los demás. Tienen una opinión que debe ser escuchada. Exactamente igual que mi opinión. Que un loco les haya atacado no confiere mayor importancia a sus propuestas. Para que nos entendamos. Una acción violenta es demérito del atacante, pero no tiene por qué ser merito del atacado.

Luego está el concepto de víctima y la búsqueda de una definición. En la historia del terror la violencia ha generado múltiples expresiones. Personas atacadas que salen ilesas, otras son vilmente asesinadas, algunas sufren traumas psicológicos irrecuperables y otras dejan como peaje miembros amputados. Pero existe otro concepto de víctimas más general pero rara vez verbalizado. Porque victimas somos todos. Todos (y todas) sufrimos la irracionalidad de la violencia. Ergo… hay una sola víctima, la sociedad.
Si las victimas tienen el derecho a participar en las propuestas políticas encaminadas al fin del terrorismo, la sociedad en su conjunto es la que debe tener esa voz. Pero todos y todas por igual. Vamos, que uno más uno son dos.

Como hoy estoy en plan de buen rollito, no voy a entrar al debate en torno a los diferentes actores de la tragedia de terror. Ni en sus siglas. Eso os lo dejo a vosotros y vosotras, con un simple comentario. Se me empiezan a hinchar los alveolos con esa actitud de atacar a unos grupos terroristas y defender a otros. Desde la ¿izquierda? abertzale atacando al G.A.L. y defendiendo a los “libertadores de la patria vasca” (pedazodehijoputa, que esta patria es de todos o no es de nadie) y desde la ultraderecha en sus distintas acepciones lo contrario (cabronceteasqueroso, que los muertos son muertos aunque tengan sepultura desde el 36). Y en medio nosotros. Y nosotras.

Si es que cuando dos elefantes pelean la que sufre es la hierba (la hierba del parque).

Izargorri
Dilo aquí o calla para siempre
Perpetrado por Pablo
miércoles, 08 de marzo de 2006 | 10:23
El polémico Izargorri sigue en su línea de meterse en todos los "jardines" que se encuentra a su paso.

Seguramente, el mejor ejemplo de lo que pasa en la sociedad con este tema, sea el hecho de que no haya ni un sólo comentario a este post ¿miedo a opinar? ¿falta de interés? ¿incertidumbre?

Yo tengo que decir que coincido mucho con Izargorri, aunque es una opinión "incomoda"