martes, 09 de octubre de 2007
Cuarenta años después del intento guerrillero de Ernesto Che Guevara en Bolivia, todavía quedan rastros de su paso por Ñancahuazú. Los últimos días de la guerrilla se pueden reconstruir a través del testimonio de algunos campesinos y campesinas que vieron atravesar por su zona un grupo de combatientes armados, sucios y harapientos que intentaban interactuar con la gente del lugar, buscaban alimentos y se escapaban del ejército. En La Higuera algunos de sus habitantes todavía recuerdan el miedo que la propaganda militar había infundido en ellos y en sus oídos todavía resuenan los disparos que acabaron con la vida del Che.

Sigue leyendo este artículo de opinión de Javier Torres Molina para rebelión.org


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