Hoy aparece en los periódicos la expulsión de los electos de Ondarroa del PNV por haber desobedecido a la dirección y no haber tomado posesión de sus concejalías en las pasadas elecciones municipales. Creo que este tema tiene mucha relación con las reacciones dentro de IU y EB con los concejales de Arrasate. En los dos casos nos encontramos con equipos municipales que deciden hacer cosas diferentes a lo que promueven las direcciones de sus partidos.
La primera reflexión que hay que hacer es que hacer política en los pueblos vascos no es lo mismo que hacerla en las capitales, en las Diputaciones o en el Parlamento, en estos últimos son las siglas lo que predominan sobre las personas mientras que en los pueblos son las personas las que son mas importantes que las siglas. La segunda reflexión es que en Euskadi se hace política en un estado de excepcionalidad continua, tenemos cientos de concejales que tienen que llevar escolta porque si no los pueden matar, tenemos una opción política que a veces se puede presentar y a veces no, a veces en unos sitios, a veces en ninguno, tenemos tal grado de crispación que la gente te grita e insulta por la calle por ser de otra idea política, las sedes de los partidos son continuamente atacadas, la percepción de la política por los ciudadanos es malísima en su valoración (en las encuestas solo superamos a la Iglesia), etc.
Los concejales de Ondarroa o los de Arrasate no han tomado estas decisiones por miedo sino por reflexión política, han entendido que lo que los vecinos de sus pueblos querían no es lo que sus direcciones les imponían, sino que han tomado la postura que han creído mas coherente. Fijaros en la contradicción que hay con el PNV en Ondarroa, expulsando del partido a militantes que viven en el pueblo, que han sido concejales y alcalde de ese pueblo, que se relacionan con sus vecinos a todas horas y todos los días, cuando la gestora que les ha sustituido (Ojo, no les quito ni una pizca de mérito ya que por ejemplo a su presidente ya le han quemado el coche 2 veces) no son en su mayoría habitantes de Ondarroa y se reúnen para tomar las decisiones municipales en Bilbao por miedo al acoso de los violentos. Lo que debería hacer el PNV es mimar a las personas que han dado la cara por ese partido en el municipio, darles las gracias por el esfuerzo personal y profesional, y no dejarles tirados como apestados en la calle. No estoy diciendo que avalen sus actos, sino que los respeten. En vez de eso los expulsan en base a unos estatutos que dirán que el que desobedece al jefe se va a la calle.
El caso de EB es mas grave todavía porque hablamos de un partido de izquierdas y alternativo, Llamazares se permite decir que los concejales de Arrasate tienen la sensibilidad de una almeja, ¿Con cuantos vecinos de Arrasate ha tomado potes? ¿Sabe cuales son los problemas municipales? ¿Conocía al concejal asesinado? ¿Se va a encontrar por la calle con su viuda o con sus huérfanas?, Nuestros concejales de Arrasate sí, a todas estas y más preguntas, ¿acaso cree alguien que esa asamblea toma una decisión echándola a suertes?, ¿alguien cree que no les habrá costado mucha reflexión, inseguridad y compromiso decidirse? ¿Alguien tiene una pizca de duda de que rechazan y condenan frontalmente y sin paliativos la violencia de ETA?. Si de algo nos gusta preciarnos es que somos gente a pie de calle, personas de movimientos sociales, vecinales, ecologistas, etc. Y por ese contacto continuo con la calle sabemos mejor lo que quieren.
Ahora se habla de cambiar los estatutos para que estas decisiones las tomen las ejecutivas y no las asambleas locales, creo y quiero creer que la inmensa mayoría de los/as concejales/as de EB, llegado el caso de que la asamblea unánimemente decida votar una cosa (como es el caso de Arrasate) y la ejecutiva otra, digan lo que digan los estatutos van a votar lo que diga la asamblea, así que la modificación va a servir solo para poder expulsar a nuestros concejales. Igual que el PNV.
Iñaki Urkiza Arana