Viernes, 31 de marzo de 2006
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G. Buster

La declaraci?n de "alto el fuego permanente" de ETA busca permitir la construcci?n democr?tica de un marco pol?tico en el que sea posible que los vascos y las vascas decidan "sin limitaciones" su futuro. Esta decisi?n de ETA de poner fin a una larga lucha armada en nombre de los derechos nacionales del pueblo vasco se hace en el convencimiento de la posibilidad del ejercicio de las libertades democr?ticas en Euskal Herria y, a trav?s de la movilizaci?n popular y la utilizaci?n de las instituciones pol?ticas existentes, crear la correlaci?n de fuerzas que permita ir m?s all? de las "limitaciones" que impone a la soberan?a del pueblo vasco la Constituci?n espa?ola de 1978. Esta es la esencia del comunicado de ETA.

Haber llegado a este convencimiento, no solo por parte de ETA sino del conjunto de la izquierda abertzale, ha sido un largo proceso. Pero su punto de arranque es la lectura de la nueva correlaci?n de fuerzas que el 14-M del 2004 permiti? la derrota del Gobierno Aznar del PP y la formaci?n del Gobierno Zapatero. La respuesta pol?tica de la izquierda abertzale fue la Declaraci?n de Anoeta del 14 de noviembre del 2004, proponiendo un proceso para crear las condiciones necesarias no solo para el alto el fuego de ETA, sino para la creaci?n de ese marco pol?tico que permita en su momento la decisi?n democr?tica del pueblo vasco.

En estos momentos, bajo la conmoci?n pol?tica que supone en el Estado espa?ol esta decisi?n, los an?lisis iniciales parecen m?s preocupados en explicar como ha sido posible que en sus consecuencias. Y, evidentemente, es muy importante comprender como ha sido posible llegar a este "alto el fuego permanente" para identificar los procesos pol?ticos y los actores que est?n detr?s de ?l. M?s teniendo en cuenta que han tenido que actuar en lo fundamental no solo desde la clandestinidad, sino tambi?n desde una ilegalidad propia y espec?fica marcada por el Pacto Antiterrorista y la ley de Partidos Pol?ticos, que pretend?an criminalizar al conjunto de la izquierda abertzale cuando no al nacionalismo vasco. La l?gica de esta pol?tica del Gobierno Aznar - acabar mediante la represi?n no solo con ETA sino tambi?n con la izquierda abertzale y desplazar al PNV del gobierno vasco-fue aceptada y compartida por el PSOE en la oposici?n bajo la presi?n de la muerte de sus militantes por ETA. Y solo tras el 14-M Zapatero ha podido cambiar de pol?tica, recuperando una orientaci?n propia, imponiendo un giro de 180 grados en el Partido Socialista de Euskadi y llegando a la moci?n del Congreso de los Diputados de 17 de mayo del 2005 que apoya "un proceso de di?logo entre los poderes competentes del Estado y quienes decidan abandonar la violencia, respetando en todo momento el principio democr?tico irrenunciable de que las cuestiones pol?ticas deben resolverse ?nicamente a trav?s de los representantes leg?timos de la voluntad popular".

Este proceso paralelo, de la Declaraci?n de Anoeta y de la Moci?n para el di?logo tras el fin de la violencia, ha estado cruzado de puentes: de conversaciones entre el PSE y Batasuna a trav?s de Eguiguren y Otegui, de la movilizaci?n de los movimientos por la paz, de la mediaci?n de gentes como Alex Reid o incluso de Carod Rovira, que han permitido crear un m?nimo de confianza. Ha tenido que gestionar la inercia del conflicto que, a pesar de los m?s de 1000 d?as sin atentados mortales, se hace presente en suicidios de presos, en accidentes de encausados del macrosumario del 18/98 y familiares, en la exigencia del "impuesto revolucionario" y en la aplicaci?n de una Ley de Partidos Pol?ticos antidemocr?tica que ha impedido a Batasuna concurrir a las elecciones vascas y celebrar su congreso. Pero sobre todo, ha tenido que enfrentarse a una dura ofensiva reaccionaria del Partido Popular -movilizando en las calles a las victimas del terrorismo- y de sectores del aparato de estado, sobre todo del judicial, para bloquear y hacer imposible el proceso de paz.

Consecuencias a corto plazo

Sin duda iremos conociendo el entramado de c?mo se lleg? a esta nueva situaci?n pol?tica. Pero m?s importante es comprender cuales son las consecuencias a corto y medio plazo.

En primer lugar, supone una derrota muy importante de la campa?a de movilizaci?n extraparlamentaria de la derecha, que intentaba mantener el Pacto Antiterrorista PP-PSOE y vetar cualquier proceso de paz. La discreci?n y el secreto con el que el Gobierno Zapatero ha llevado a cabo el proceso de di?logo previo al alto el fuego permanente son consecuencia en parte de esa campa?a, pero no solo ha dejado al PP sin alternativa pol?tica sino que le ha pillado por sorpresa. Una sorpresa que, acompa?ada de una oferta de consenso en base a la nueva pol?tica del PSOE, no le deja a Rajoy pr?cticamente margen de maniobra. Su ?nica posibilidad de condicionar los acontecimientos es ahora pasar del enfrentamiento frontal como alternativa de gobierno a una subordinaci?n que pone en cuesti?n esa misma alternativa.

Sin embargo, no hay que menospreciar desde la izquierda esa capacidad de condicionamiento de la derecha. Por un lado, porque sigue influenciando y dando cobertura pol?tica a sectores del aparato de estado que act?an con su propia autonom?a. Por otro, porque el propio PSOE recoge esa presi?n y la hace suya parcialmente no solo por razones electorales sino para justificar como inevitable los propios l?mites pol?ticos que impone al proceso de cambio, tanto en t?rminos de la soluci?n democr?tica de la cuesti?n nacional, de la reforma constitucional como de las pol?ticas sociales. La experiencia del debate sobre el Estatut de Catalunya es muy significativa en este sentido, de c?mo Zapatero ha sabido utilizar la presi?n de la derecha y la falta de movilizaci?n de la izquierda para imponer la "autocensura" a las fuerzas del Gobierno Tripartito de Catalu?a hasta el 18 de febrero, cuando ya era tarde en buena medida.

La propia declaraci?n de alto el fuego no solo refuerza a Zapatero frente al PP. Las primeras encuestas -con todas sus limitaciones t?cnicas- muestran la recuperaci?n de los casi 7 puntos perdidos en los ?ltimos meses en intenci?n de voto en solo una semana. Tambi?n le refuerza en el seno del PSOE y del conjunto de la izquierda. Crea adem?s un nuevo escenario en el que la "autocensura" y las limitaciones en la reforma del Estatut de Catalunya aparece como una fase m?s en un proceso de cambio que ahora tiene un desaf?o m?s directo en Euskadi, y por lo tanto permitiendo a ERC justificar en esos t?rminos un cambio de actitud que le permita continuar en el Gobierno Tripartito y mantener este. Es decir, si la izquierda en su conjunto se refuerza frente a la derecha, no lo hace as? la "izquierda de la izquierda", de la que depende menos institucional y socialmente Zapatero.

La derrota del PP que supone el alto el fuego permite vislumbrar una legislatura completa en la que el Gobierno Zapatero puede llevar a cabo las reformas estatutarias, dar cuerpo al nuevo modelo territorial y hacer una reforma constitucional limitada. Es decir completar una "segunda transici?n" controlada que le refuerce en todo el Estado espa?ol, mientras que crea las condiciones pol?ticas que le sean m?s favorables en Euskadi y Nafarroa para abordar el escenario en el que "los vascos y las vascas decidan", de manera que el resultado de esa decisi?n sea compatible en lo fundamental con el nuevo modelo territorial. Una estrategia que inevitablemente exige en una primera fase hegemonizar el proceso de di?logo con la izquierda abertzale -y dado el peso del PSE en las instituciones vascas, tendr? que ser desde el gobierno central-, pero en una segunda -tras las nuevas elecciones vascas y las generales del 2008- establecer una alianza con el PNV frente a los sectores independentistas.

Puede pensarse en un doble espejismo de inevitabilidad del proceso (porque el coste de una vuelta atr?s parece inaceptable para todas las partes) y de di?logo directo entre el gobierno central y la izquierda abertzale. Durar? poco en todo caso, porque al multiplicarse los actores y diversificarse los intereses la complejidad ira definiendo el surgimiento de una nueva situaci?n pol?tica con sus propios par?metros. Por eso, lo fundamental sigue siendo guiarse por objetivos concretos como son la creaci?n de las condiciones de paz, que implica el ejercicio de la democracia por todos los sectores de la poblaci?n, la superaci?n de la polarizaci?n del conflicto para dar entrada a la multitud de intereses, especialmente los sociales, y el reforzamiento de la izquierda en su conjunto a trav?s de la movilizaci?n, frente a las tentaciones de la "gesti?n en fr?o" como ha ocurrido en la reforma del Estatut de Catalunya.

Crear esas condiciones exige cosas concretas que rompan la inercia del conflicto y permitan superar a medio plazo sus consecuencias. Un apoyo a todas las victimas -a todas-, el acercamiento de los presos vascos a Euskadi, la derogaci?n de la Ley de Partidos Pol?ticos para permitir la actividad democr?tica de la izquierda abertzale, el sobreseimiento de los sumarios 18/98 y Egunkaria. Hacer un acompa?amiento desde el conjunto del Estado espa?ol de la movilizaci?n en Euskal Herria por estos objetivos, exigiendo del Gobierno central su aplicaci?n frente a la derecha y el aparato judicial, puede ser una contribuci?n imprescindible de la izquierda.

Consecuencias a medio y largo plazo

La idea de que el alto el fuego permanente es el resultado de una derrota de ETA o de la izquierda abertzale, que agitar?n en las pr?ximas semanas sectores de la derecha, no tiene otro objetivo que bloquear el proceso de paz. Hace muchos a?os que es evidente para todas las partes que el simple planteamiento de "victorias" o "derrotas" militares o represivas en un conflicto como el vasco implica una simplificaci?n hasta la caricatura del mismo.

Por el contrario, el alto el fuego y el proceso de paz crear?n las condiciones a medio y largo plazo, con la extensi?n del proceso democr?tico a todos los sectores de la poblaci?n vasca, de la posibilidad de una movilizaci?n social sin precedentes all? donde, desde el final de la dictadura franquista, esta ha sido m?s sostenida y m?s fuerte, poniendo en cuesti?n una y otra vez los limites impuestos en la transici?n por la derecha espa?ola.

En las nuevas condiciones, el mapa pol?tico vasco inevitablemente cambiar? con la aparici?n de nuevos sujetos e intereses que acompa?en a la resoluci?n democr?tica de la cuesti?n nacional. En este sentido, la condici?n para que pueda conformarse una izquierda vasca socialista -capaz de defender el derecho de autodeterminaci?n, pero tambi?n los intereses de la clase obrera- empieza por una superaci?n del frentismo sindical, del condicionamiento t?ctico de las luchas sindicales a unas u otras alianzas entorno a estrategias en la cuesti?n nacional, a situar en primer plano los derechos sociales en la resoluci?n de la cuesti?n nacional para marcar esta con un car?cter de clase.

Pero ese proceso de cambio del marco pol?tico en Euskadi desembocar? inevitablemente en la cuesti?n de los "limites" que impone a la libre decisi?n de los vasco y las vascas la Constituci?n espa?ola de 1978. Superar esos l?mites - o en su caso los que impone a la soberan?a del pueblo espa?ol o de las otras naciones del Estado- exige un desplazamiento a la izquierda profundo, una nueva hegemon?a de la izquierda en el conjunto del estado espa?ol que vaya m?s all? de la "segunda transici?n" controlada de Zapatero, que permita en primer lugar el ejercicio de ese acto de soberan?a. Un desplazamiento de ese tipo necesita un nivel de movilizaci?n de la izquierda social, del conjunto de la clase obrera y las capas populares, superior al que permiti? la derrota del PP el 14-M del 2004. Pero ello, solo ser? posible combinando la defensa de las cuestiones democr?ticas con sus intereses sociales m?s profundos y la recuperaci?n, al menos por un sector de la izquierda, de la idea de un modelo alternativo de sociedad. Y ello exige crear no solo las condiciones en Euskal Herria, sino en el conjunto del Estado espa?ol.

26 de marzo de 2006
Dilo aquí o calla para siempre
Perpetrado por Invitado
Lunes, 21 de mayo de 2007 | 10:53
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